El modo en que el alcohol nos afecta varía de una persona a otra, dependiendo de las circunstancias particulares, la cantidad ingerida, el ritmo de consumo y si se ha comido o no.
Nota importante: este artículo tiene fines divulgativos y no sustituye el consejo médico o sanitario profesional. Si tienes dudas relacionadas con alcohol, salud, medicación, embarazo o dependencia, consulta con un profesional sanitario.
Cómo absorbe nuestro organismo el alcohol

Nuestro cuerpo absorbe el alcohol principalmente a través del estómago y del intestino delgado. Una vez absorbido, pasa al torrente sanguíneo y se distribuye por distintos órganos y tejidos.
El alcohol se dispersa a través del flujo sanguíneo por todo el cuerpo hasta llegar al corazón, cerebro, músculos y otros tejidos.
La comida puede hacer más lenta la absorción del alcohol. Por eso, el alcohol suele afectar más rápido cuando se bebe con el estómago vacío o después de haber comido poco.
Otro factor importante que influye en la concentración de alcohol en sangre es el tamaño corporal y la composición corporal.
Una persona de mayor tamaño y peso puede verse afectada de forma distinta que una persona más pequeña, porque el alcohol se distribuye en el agua corporal.
En términos generales, el cuerpo de las mujeres suele contener una menor proporción de agua corporal y una proporción algo mayor de grasa que el cuerpo de los hombres. Por este motivo, con una misma cantidad de alcohol ingerida, la concentración en sangre puede ser mayor. Aun así, existen diferencias individuales importantes.

El proceso de metabolización del alcohol
La metabolización es el proceso por el que el organismo transforma las sustancias que ingerimos en otros compuestos. En el caso del alcohol, una parte fundamental de este proceso ocurre en el hígado.
Mediante procesos de oxidación, la mayor parte del alcohol es metabolizada por el hígado. En este proceso intervienen enzimas como la alcohol deshidrogenasa (ADH) y otros sistemas metabólicos.

Hasta que se completa este proceso, el alcohol sigue circulando por el cuerpo y puede afectar al sistema nervioso y a otros órganos y tejidos.
La velocidad a la que el hígado procesa el alcohol suele citarse de forma orientativa en torno a 8–10 gramos de alcohol por hora, aunque puede variar según la persona, el sexo, el peso, la genética, el estado de salud y otros factores.
La velocidad de metabolización del alcohol es más lenta que la velocidad de absorción. Por este motivo, si se bebe demasiado rápido, el alcohol puede acumularse en sangre y provocar embriaguez o intoxicación.
Cuando el consumo de alcohol es muy elevado, el organismo puede verse sobrepasado y aumentar el riesgo de intoxicación alcohólica y daño hepático. Ante síntomas graves como pérdida de consciencia, respiración lenta, confusión intensa o vómitos persistentes, se debe buscar atención médica urgente.
Además de la vía principal de metabolización, existen otros sistemas implicados, como la vía catalasa y el sistema MEOS.
Eliminación del alcohol de nuestro organismo
Como se ha mencionado antes, la mayor parte del alcohol es metabolizada por el hígado. Una pequeña parte se elimina sin metabolizar a través del aire espirado, la orina, el sudor y otros fluidos corporales.
Además de afectar al sistema nervioso y retrasar los tiempos de reacción, el consumo excesivo puede producir intoxicación alcohólica. Entre los síntomas posibles están mareos, falta de coordinación, deterioro del juicio, visión borrosa o doble, somnolencia y, en casos graves, intoxicación por etanol.
La recomendación principal es beber con moderación o no beber. Si se consume alcohol, conviene evitar hacerlo con el estómago vacío, beber despacio, alternar con agua o bebidas sin alcohol y no conducir después de beber.
Fuentes consultadas
La información para realizar este artículo se ha contrastado con recursos del NIAAA (National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism) y de SciELO (Scientific Electronic Library Online).

